Homenaje a Naranjito...
Hay veces que sobreviven al tiempo las cosas más insospechadas. Allá en 1982, cuando España se desperezaba de la larga dictadura y se veía inmersa en una democracia en pañales, nadie hubiese dicho que Naranjito, la mascota del mundial de fútbol que se celebraba en nuestro país, sería recordada dos décadas después con nostalgia y cierta veneración. ¿Quién no evoca con cariño la imagen de aquel cítrico con patitas que llevaba un balón bajo el brazo? ¿Quién no se acuerda de la serie de dibujos animados donde aparecía acompañado de Clementina, su chica?
Parece que aquella naranja sonriente, un poco infantil, eso sí, sigue en la mente de muchas personas. También en la de los artistas, que no pierden oportunidad de desmontar los iconos de la cultura nacional para recrear sus propias versiones... Así que a Naranjito, uno de los símbolos cañís por excelencia junto con el toro de Osborne, le ha llegado la hora. La galería barcelonesa de Llucià Homs acoge desde ayer una exposición -que se clausurará a finales de julio- sobre la mascota balonpédica en la que participan 42 creadores, que han tomado como modelo al esférico personaje. A partir de ahí, cada uno ha hecho lo que la ha venido en gana.
Todo un ‘yuppie’
De hecho, las versiones del personaje -plasmadas en diferente soportes y logradas con técnicas de lo más variado- no tienen desperdicio. Por ejemplo, hay quien lo ha representado con trazos infantiles, como de parvulario, quizá para destacar la ingenuidad del personaje. Otros no han sido tan cándidos y han mostrado el rostro- bueno, es un decir- del muñequito veinte años después. En esta obra, está vestido de yuppie, con cara de pocos amigos, en la que la edad ha hecho estragos: arrugas, flacidez, piel de naranja... Por detrás, se ve como una especie de oficina en la que están colgadas sus fotos antiguas, que son el Naranjito que invadió el país en el 82, sonrosado, sonriente y lozano. ¿Nostalgia? ¿Critica? Desde luego, la versión clásica es más optimista. Está claro que, en la mente de estos credores, Naranjito ocupa un lugar destacado.
Seguramente, muy pocos podrían rememorar con exactitud los resultados futbolísticos del campeonato -¿quién gano? ¿en qué puesto quedó España?-, pero la imagen de Naranjito no se ha desdibujado ni un poco en la memoria colectiva. El periodista y escritor Quim Monzó, que ha colaborado en la presentación de la muestra, que tuvo lugar ayer, ha ubicado a Naranjito en un momento de su vida. A veces un olor, una canción o una comida te trasporta a otra época de tu biografía. En su caso, es la imagen del cítrico futbolero lo que le dispara las vivencias de aquella etapa: «En 1982, cuando se celebró el mundial de fútbol en España, yo vivía en Nueva York con una baca para estudiar -explica-. Por eso, poco llegué a saber (de Naranjito), salvó por algunos comentarios irónicos».
«Comentarios irónicos»
Pero Monzó volvió en 1983, el año de la resaca postmundialística. «Vi los restos de adhesivos en los cristales de los coches, carteles en las paredes de los bares, camisetas con su imagen en ls tiendas de ‘souvenirs’ de las Ramblas... ¡qué injustos me parecieron entonces los comentarios irónicos! En efecto, era inigualable, pero no por la banda baja, como afirmaban, sino por la alta». De hecho, al escritor le pareció que era una gran idea «aprovechar una naranja como elemento representativo de España».
Lo cierto es que, aunque en su momento cosechó no pocas críticas, la mascota tiene su encanto. No tiene nada que ver con otras de su especie, por ejemplo, el Covi de Javier Mariscal, un alarde de diseño firmado por uno de los grandes. Naranjito es de todo menos vanguardista y, además, de padres desconocidos. «Es el heredero de la corriente de ilustradores de la España profunda de los años sesenta y setenta, la última mascota de una prehistoria gráfica que se acababa con él», destaca Monzó. Pero, desde luego, aún se le puede sacar mucho jugo.


